Ante el Cádiz otra decepción más del Málaga PDF Imprimir Correo electrónico
 Agencias   

Málaga olió el gol del ascenso como el salitre de su mar. La Rosaleda intuía la gloria, el pasito casi final. Mientras, lo que husmeaba el Cádiz era la chamusquina del infierno. No le llegaba la camisa al cuerpo. Y ni uno alcanzó la gloria ni el otro se condenó definitivamente, pero el empate dejó un poso de victoria amarilla, porque el Cádiz acabó el partido boqueando, con Dani suplicándole a Pérez Lima que señalase el final sin ningún reparo, con la defensa firme y el Málaga desesperado, sabiendo que lo tenía cerca, pero sin fórmulas para encontrarlo.

Nadie, a su manera, encontró la gloria que perseguía en un partido agónico, sin medias tintas, a todo o nada. Terminó sin goles del Málaga porque no tenía arsenal y del Cádiz porque hace tiempo perdió el manual. Para el talento que se le supone, no hizo demasiado, aunque compitió con corazón, que era justo lo que le había pedido su afición, desesperada, en los últimos días.

El partido se jugó donde quería el Málaga, pero le faltaba contundencia sin Baha y Salva. Hubo tensión, miradas fijas, pero pocos golpes en las portería. Más entre jugadores, y por eso Bezares, que lo barre todo, acabó en la calle. Contra 10 el Málaga tampoco pudo. Al final, Pérez Lima, ruleta rusa, expulsó a Calleja. Ahí, ambos firmaron las tablas. Al Málaga le vale para seguir en ascenso y depender de sí mismo. Al Cádiz para poder respirar.

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