Soler vende el Valenciay la deuda de 260 millones del club PDF Imprimir Correo electrónico
 Agencias   

La crisis inmobiliaria no sólo ha plagado los balcones de muchas ciudades españolas de carteles en los que se puede leer Se vende, se ha ramificado en prácticamente todos los sectores económicos, incluido el fútbol. La mayoría de los clubes de Primera División pertenecen a empresarios involucrados en el negocio del ladrillo, pero de entre todos ellos llama la atención especialmente el caso del Valencia.


Este gigante venido a menos parecía a principios de la recién terminada temporada predestinado a pelear con Real Madrid y Barcelona y ahora tiene una situación económica muy delicada, con unas deudas admitidas por la propia entidad de unos 260 millones de euros y la mayoría de las figuras de la plantilla puestas en el mercado para tapar, en la medida de lo posible, el creciente agujero presupuestario.

 

El constructor valenciano Juan Soler llegó a la presidencia del club che a finales de 2004, a pesar de que su familia era una de las accionistas mayoritarias del Valencia desde hace años.

Sus intenciones, en un principio, fueron las de aportar una pequeña fortuna para que el equipo subiera el pequeño escalón que le separaba de Madrid y Barça.

Y para ello, logró las recalificaciones (de terreno deportivo a urbanizable) del suelo donde actualmente se ubica el estadio de Mestalla y de una finca en la localidad de Portxinos, que en un principio estaba destinada a la construcción de una nueva ciudad deportiva y donde finalmente hay proyectadas 2.000 viviendas y un hotel de lujo.

El pasado mes de marzo llegó la última recalificación del patrimonio del club, unos terrenos de la Avenida de las Cortes Valencianas donde se erigirá otro hotel de lujo con más de 20 alturas.

Aun así, la deuda no deja de crecer; el propio club reconoce que estas operaciones (especialmente la de Portxinos) han supuesto un alivio económico de alrededor de 120 millones de euros, aunque el dinero ingresado ha sido muy inferior al que se esperaba.

La primera de las cinco parcelas en las que se dividió el solar de Mestalla no encontró comprador y tuvo que ser precisamente el propio Soler el que se quedara con ella. El presidente pensó que el traslado a un nuevo estadio, más moderno, con zonas de ocio y capacidad para 70.000 espectadores, sería la solución para reflotar la economía del club.

Pero las cuentas no cuadran, y ahora que el cambio de residencia parece no tener marcha atrás, el club ha decidido poner a la venta a sus cracks, David Villa, David Silva y Joaquín, para ingresar por los tres entre 80 millones y 100 millones que permitan seguir adelante con la construcción del nuevo coliseo valencianista.

El estadio estaba presupuestado en un principio en 230 millones de euros, más 120 por las zonas comerciales. Las obras comenzaron el verano pasado y está previsto que concluyan a lo largo del año que viene.

La errática política deportiva del club ha plagado la plantilla de jugadores muy caros y con fichas muy altas, pero con un rendimiento mediocre. El delantero serbio Zigic, por ejemplo, llegó por 15 millones de euros y con el cartel de estrella tras brillar en el Racing de Santander, pero apenas ha disputado 21 partidos. El centrocampista Manuel Fernandes, que llegó del Benfica portugués por 18 millones, los mismos que costó Banega, apenas ha jugado diez partidos. Además, el overbooking ha provocado que decenas de futbolistas hayan tenido que ser cedidos a otros equipos.

Por no hablar de los casos de Angulo, Albelda y Cañizares, veteranos con altas fichas que fueron relegados por Koeman a su llegada y siguieron cobrando por ver los partidos en la tele.

La entidad che tiene además que afrontar los intereses de un crédito que pidió a Bancaja, que ascienden a alrededor de un millón de euros al mes. Hoy en día, el aval son los derechos de los jugadores, el único activo que tiene el Valencia .

Mientras, su presidente ha puesto a la venta el paquete accionarial que le permite controlar el club por un precio de 70 millones de euros, que es más o menos lo que le costó hacerse con la entidad. Aunque han trascendido reuniones para su venta, como la que mantuvo con Juan Villalonga, de momento Soler sigue al frente de una nave que se hunde.

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