| PROMOCIÓN 2ªB.- Victoria con sabor agridulce de la Balona |
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| Jesús Hurtado | |
Pocas veces un triunfo, aunque sea por la minima, y con lo que se juega en una fase de ascenso puede valer una clasificación para la
siguiente ronda, deja tan amargo sabor de boca. La Balompédica alcanzó ante el modesto Anguiano una exigua ventaja en la primera eliminatoria de
la fase de ascenso a Segunda B. Pero dejó pasar una oportunidad de
inimaginables dimensiones de haber sentenciado al rival, al que dominó y tuvo en tre las cuerdas. Con el convencimiento de que su equipo había dejado escapar viva a la presa, que sólo recibió un impacto, no precisamente letal. La diferencia entre un equipo profesional de la cabeza a los pies y otro que tiene en el balompié una segunda ocupación no quedó patente en el resultado y, lo que es peor, tampoco en el juego durante la segunda parte. Es verdad que un gol de la Balona en La Isla el próximo domingo podría traducirse en la clasificación de los que entrena Gabriel Navarro Baby, que también podrían obtener el pasaporte con el cero-cero. Pero no es menos cierto que empieza a cansar esta costumbre de los albinegros de pasearse por el alambre una vez sí y otra también sin necesidad aparente. Porque ya se sabe que el que juega con fuego acaba por quemarse. Y luego sólo queda el derecho a la pataleta y hablar de confabulaciones, encerronas y otras entelequias cuando la única realidad es que una afición que es capaz de reunir a unas seis mil almas en un partido que sigue siendo de Tercera división no se merece vivir eternamente con el alma en un puño. La Balompédica fue mejor durante el primer periodo. Al Anguiano se le hizo demasiado grande el extraordinario ambiente que se vivía en el Municipal y enseñó todas sus carencias. Su portero Josean es más que un amigo en los balones aéreos. Es un alma de la caridad. Al lateral derecho Fidel se le cambiaba la cara cada vez que se encontraba con Joseph. Los riojanos apostaban por el pelotazo y tentesieso y de medio campo hacia arriba sólo se supo que el capitán, Joseba, tiene destellos de calidad. Del resto, sin noticias. Los de casa, casi siempre en jugadas que nacían de faltas o saques de banda, iban creando no tanto el peligro como el sobresalto. En el minuto ocho Josean sacó en posición inverosímil un remate del inagotable Manrique, que jugaba demasiado lejos del marco para que Miguélez lo hiciese demasiado cerca. En el 28' y a base de presionar, Miguélez peinó un balón pasado, el poste lo vomitó y Johny ejerció de ejecutor e hizo el 1-0. Explosión de júbilo en las gradas. El ¡a por ellos! que empezó a oírse y más de uno entendió que había llegado el momento del tiro de gracia. En el 40' Joseph envió un pase interior a Miguélez que se plantó ante Josean, pero el asturiano no supo afinar el punto de mira. Tras el descanso no hubo partido. El Anguiano envolvió a la Balona en su fútbol de pelotazo arriba y abajo y el centro del campo empezó a tener un valor testimonial. Dicho de otra forma, la Balona se contagió del antifútbol de su rival. La entrada de Copi no sólo no dio réditos, sino que dejó a la Balona sin un Manrique incomprensiblemente sustituido. Los minutos pasaban y no sucedía nada. Pero nada de nada. En el tramo final, quizás porque a los riojanos ya les pesaban las dimensiones del campo, primero Carlos Guerra, después Miguélez y por último Noel lo intentaron sin suerte. Al final, un silencio sepulcral en el Municipal. Ése que suele rodear a los grandes fracasos. No fue para tanto. La eliminatoria sigue abierta. Pero muchas veces en el fútbol hay más que un resultado. Y ayer sólo quedó el desencanto. El desencanto de seis mil que volvieron a casa preguntándose quién era el grande y cuál el modesto. |
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