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Ganó quien lo deseó de verdad, quien más hizo
por lograr la salvación ayer y quien no reservó nada en busca de un
objetivo que ahora, aunque no matemáticamente, tiene casi casi logrado.
Ése fue el Valencia, que sólo al final y por la estrechez del marcador
sufrió, y no un Zaragoza del que se esperaba más tras su exhibición
ante el Depor.
Nada tuvo que ver el cuadro aragonés con el de su
anterior partido, confirmando que lejos de La Romareda baja muchos
enteros, ayer acentuado por las bajas obligadas y las voluntarias, pues
Villanova reservó titulares en una medida que tuvo que deshacer cuando
ya era demasiado tarde.
El Valencia salió mucho más metido, haciendo valer sus viejos
valores y desempolvando la mejor versión de sus futbolistas de nivel,
ésos a los que el club quiere vender. Con el Zaragoza desbordado,
Baraja tiró del carro, suyo fue el pase del gol y el liderazgo en la
medular, donde Gabi no apareció y Luccin sólo se entonó al final del
primer acto. Pero fue por las bandas donde los de Voro encontraron el
camino más despejado, con un gran Joaquín y un buen Vicente al que
Diogo, con el visto bueno de Medina, maltrató hasta tener que irse en
camilla. Lamentable el lateral y tanto de lo mismo el colegiado.
También por ese costado se descolgaba Villa, hiperactivo y frenado
por un poste, y Silva, que fue el que abrió la lata penetrando por el
corazón del área tras brillante asistencia del Pipo. El Zaragoza no
aparecía, de la ofensiva total del pasado sábado no quedaba ni rastro y
sólo la falta de acierto local le permitió irse con opciones al
vestuario.
En vista de la superioridad local y de que la salvación se le
complicaba, Villanova sacó su mejor equipo en la segunda mitad, pero
entonces el Valencia tenía ventaja en el marcador y en el juego, pues
podía explotar su arma favorita, la contra. Ya con Milito y Aimar
faltaba por saber la respuesta de la zaga local y ésta fue notable,
pues el Zaragoza sólo pudo probar fortuna desde lejos, pero a Gabi le
faltaron unos centímetros.
Los minutos pasaban y el resto de marcadores acercaban al Valencia a
su meta. Se esperaba un arreón del Zaragoza, al menos peligro a base de
pelotazos, pero las fuerzas visitantes ni siquiera alcanzaron para eso
y estuvo más cerca el segundo de los chés que una igualada que nunca
llegó. En la recta final sólo el regreso de Albelda alteró, para bien,
Mestalla, que se liberó y celebró la salvación, mientras que el
Zaragoza tendrá que esperar para hacerlo.
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